contra la que Lucía siempre debía perder.
—Yo también participé —admitió una tarde.
—No eras tú quien hacía las comparaciones.
—Pero me acostumbré a que me beneficiaran.
Lucía no respondió enseguida.
—Éramos niñas, Clara.
Fue la primera vez que una de las 2 pronunció una frase capaz de separar la culpa de la responsabilidad.
El problema era que sus padres todavía no habían terminado.
Clara había sido enviada a Barcelona porque la situación financiera en casa era crítica. Sus padres pensaban que Lucía llevaba una vida sencilla y quizá tenía