PARTE 1
—¡Una esposa decente no le cancela la tarjeta a su marido delante de toda la familia! —me gritó mi suegra por teléfono, mientras mi esposo disfrutaba de unas vacaciones en Puerto Vallarta con diez parientes que yo ni siquiera sabía que habían salido de Guadalajara.
Lo que mi suegra ignoraba era que, mientras ellos brindaban frente al mar, nuestra hija de ocho años estaba acostada con fiebre, preguntándome cuándo regresaría su papá.
Me llamo Claudia Hernández, tengo 35 años y llevaba diez casada con Sergio. Hasta aquel viernes,