algo se rompía dentro de mí.
Sofía seguía dormida, abrazando su pequeño salvavidas de juguete.
Entonces llamé al banco y solicité bloquear la tarjeta adicional.
Media hora después, Sergio me telefoneó furioso.
—¡Me acabas de humillar delante de todos! ¡Cuando regrese vamos a arreglar cuentas!
Pero yo ya había tomado una decisión.
Lo que Sergio todavía no sabía era que, cuando regresara de aquellas vacaciones, ni siquiera encontraría la casa donde pensaba reclamarme.
PARTE 2
Después de bloquear la tarjeta, empaqué la ropa de Sofía, sus medicamentos y nuestros documentos