personales.
No discutí más con Sergio.
Me fui directamente a casa de mis padres, en otra zona de Guadalajara.
Mi madre recibió a Sofía con un abrazo. Mi padre, al verme entrar con una maleta, comprendió inmediatamente que algo grave estaba ocurriendo.
Cuando les conté la verdad, mi papá no me pidió que perdonara a Sergio ni que me divorciara.
Solamente preguntó:
—Hija, ¿estás segura de que sabes cuánto dinero tiene realmente tu esposo?
Aquella pregunta me hizo revisar nuestros estados de cuenta.
Y encontré algo mucho peor que las