nunca volvió a caminar.
No hubo ninguna operación milagrosa.
Ninguna mañana mágica en la que despertara y, de repente, volviera a sentir sus pies.
Algunos días seguían siendo difíciles.
Algunas noches, aún peores.
Hubo infecciones, espasmos, humillaciones, discusiones, agotamiento y momentos en los que Vincent odiaba la silla con todas sus fuerzas.
Nora nunca le pidió que estuviera agradecido.
Nunca le dijo que su discapacidad había ocurrido por alguna razón.
Simplemente permaneció a su lado mientras él encontraba motivos para seguir viviendo, a pesar de todo.
Con el tiempo, Daniel