algo claro.
Durante la mayor parte de nuestro matrimonio, Felix fue un buen marido.
Él ayudó.
Escuchó.
Participaba en nuestra vida en vez de simplemente ocuparla.
Le encantaba cocinar, lo cual era conveniente porque a mí no.
Él se encargaba de los coches porque odiaba tener que hacer el mantenimiento.
Y normalmente podía notar cuando algo me molestaba antes de que dijera nada.
Pero cada vez que Lucía aplicaba presión, Félix perdía el equilibrio.
Y Lucía había estado presionando casi desde el principio.
Nunca de forma dramática.
No era de