no quisieran verla todavía.
Al terminar regresé a casa. Encontré a Jimena sentada en el patio con un cuaderno abierto. Había escrito varias preguntas para Rebeca, pero no sabía si deseaba enviarlas.
La primera decía: «¿Por qué no nos dijiste que necesitabas ayuda?».
La segunda: «¿Por qué yo tuve que hacerme mayor tan deprisa?».
Y la última era la que más me preocupaba:
«Si vuelves a irte, ¿vas a despedirte esta vez?».
**Cuando un progenitor regresa después de muchos años, ¿creen que los hijos deberían poder decidir el ritmo de