Una mañana mi esposa desapareció, dejándome solo con cuatro hijos pequeños y una nota de suicidio. Durante años trabajé incansablemente para mantener a la familia. Cuando por fin nos establecimos, apareció en la puerta… Creía que aún tendría un lugar en nuestras vidas, pero lo que encontró tras esa puerta fue mucho más doloroso de lo que jamás hubiera imaginado.

no quisieran verla todavía.

Al terminar regresé a casa. Encontré a Jimena sentada en el patio con un cuaderno abierto. Había escrito varias preguntas para Rebeca, pero no sabía si deseaba enviarlas.

La primera decía: «¿Por qué no nos dijiste que necesitabas ayuda?».

La segunda: «¿Por qué yo tuve que hacerme mayor tan deprisa?».

Y la última era la que más me preocupaba:

«Si vuelves a irte, ¿vas a despedirte esta vez?».

**Cuando un progenitor regresa después de muchos años, ¿creen que los hijos deberían poder decidir el ritmo de