La llevé a desayunar y hablamos de todo lo que se había perdido por sentirse responsable de sus hermanos: tardes con amigas, actividades escolares y momentos en que necesitaba simplemente comportarse como una niña.
Le expliqué que agradecía su ayuda, pero que cuidar a sus hermanos nunca debió convertirse en su obligación principal.
A partir de entonces reorganizamos algunas tareas. Contraté apoyo ocasional cuando el trabajo lo permitía y pedí a Jimena que escogiera actividades que realmente disfrutara.
Se apuntó a un taller de dibujo.
El primer día regresó con