Una mañana mi esposa desapareció, dejándome solo con cuatro hijos pequeños y una nota de suicidio. Durante años trabajé incansablemente para mantener a la familia. Cuando por fin nos establecimos, apareció en la puerta… Creía que aún tendría un lugar en nuestras vidas, pero lo que encontró tras esa puerta fue mucho más doloroso de lo que jamás hubiera imaginado.

mi hija le recordó que todavía estaba aprendiendo.

La profesora nos explicó que Jimena había desarrollado una voz artística muy personal y que sería bueno que continuara estudiando.

Me sentí orgulloso.

Pero también agradecí que alguien la reconociera por sus propias capacidades y no solamente por ser la hija responsable de una familia con dificultades.

Al regresar a casa, Jimena me preguntó si podía escribir a Rebeca para contarle la noticia.

Le respondí que sí.

Preparó un mensaje breve, acompañado por una fotografía de su dibujo favorito.

Rebeca contestó felicitándola