Una mañana mi esposa desapareció, dejándome solo con cuatro hijos pequeños y una nota de suicidio. Durante años trabajé incansablemente para mantener a la familia. Cuando por fin nos establecimos, apareció en la puerta… Creía que aún tendría un lugar en nuestras vidas, pero lo que encontró tras esa puerta fue mucho más doloroso de lo que jamás hubiera imaginado.

y preguntó si algún día podría ver los trabajos personalmente.

Jimena no respondió inmediatamente.

Dos semanas después aceptó encontrarse con ella en el mismo espacio donde habían hablado por primera vez.

No quiso que la acompañáramos todos.

Pidió únicamente que hubiera una persona profesional de referencia disponible y que yo la esperara cerca.

Acepté.

Cuando terminó la conversación salió con una expresión pensativa. Durante el camino de regreso no habló demasiado.

Por la noche vino a sentarse junto a mí en el patio.

Me contó que había explicado a Rebeca