Una mañana mi esposa desapareció, dejándome solo con cuatro hijos pequeños y una nota de suicidio. Durante años trabajé incansablemente para mantener a la familia. Cuando por fin nos establecimos, apareció en la puerta… Creía que aún tendría un lugar en nuestras vidas, pero lo que encontró tras esa puerta fue mucho más doloroso de lo que jamás hubiera imaginado.

los niños tenían derecho a decidir qué relaciones deseaban cultivar.

A veces todavía me preguntaba si habría podido hacer algunas cosas mejor.

Seguramente sí.

Pero había aprendido que un padre no necesita convertirse en un hombre invencible para ofrecer seguridad a sus hijos.

Necesita estar presente, escuchar y reconocer cuándo se equivoca.

Al terminar la fiesta salimos al patio.

Mariana comenzó a recoger los platos y le pedí que los dejara para el día siguiente. Jimena estaba enseñando sus dibujos a doña Clara, Matías guardaba la guitarra y los gemelos