los niños tenían derecho a decidir qué relaciones deseaban cultivar.
A veces todavía me preguntaba si habría podido hacer algunas cosas mejor.
Seguramente sí.
Pero había aprendido que un padre no necesita convertirse en un hombre invencible para ofrecer seguridad a sus hijos.
Necesita estar presente, escuchar y reconocer cuándo se equivoca.
Al terminar la fiesta salimos al patio.
Mariana comenzó a recoger los platos y le pedí que los dejara para el día siguiente. Jimena estaba enseñando sus dibujos a doña Clara, Matías guardaba la guitarra y los gemelos