de su historia.
La pregunta que ningún millonario sabía responder
Pasó casi un año desde aquel día en que Caleb había regresado en su coche negro.
Los trillizos crecían.
La cooperativa comenzó a funcionar con seis familias y un pequeño puesto de venta semanal.
Elora ya no trabajaba hasta desplomarse todas las noches. Había aprendido a aceptar ayuda sin sentirse débil y a disfrutar de la vida que estaba construyendo.
Caleb, por su parte, volvió gradualmente a colaborar con su empresa, aunque renunció a recuperar el cargo de director ejecutivo.