Caleb se agachó y los abrazó.
Noah le susurró al oído:
—Mañana tenemos que plantar más semillas.
—Entonces mañana plantaremos más.
—¿Aunque llueva?
Caleb miró hacia Elora, que los observaba desde el porche.
—Si llueve, esperaremos a que pase. Y después seguiremos.
Lily le rodeó el cuello con sus pequeños brazos.
—¿Y no te vas a olvidar?
Caleb la sostuvo con fuerza.
—No, mi amor. No voy a olvidarme.
Cuando finalmente se incorporó, descubrió que tenía barro en la camisa, pequeñas huellas en los pantalones y una mancha de chocolate