dejado de creer en las promesas de él.
Elora no volvió a ser la mujer que esperaba junto a la puerta. Se convirtió en la mujer que podía decidir a quién abrírsela.
Y Caleb comprendió que el verdadero amor no se demuestra regresando cuando todo está perdido.
Se demuestra quedándose, respetando y cumpliendo, incluso cuando nadie te garantiza una segunda oportunidad.
Porque el dinero puede comprar una casa, pero jamás puede comprar el derecho a llamarla hogar.