sí faltaba era libertad para equivocarse.
Mi madre podía perdonar casi cualquier cosa, excepto que alguien la hiciera quedar mal frente a sus amistades.
Cuando ingresé al Ejército, mis padres presumieron mi carrera durante años.
Pero todo cambió cuando conocí a Sergio.
Yo tenía veintiocho años y él treinta y uno.
Sergio había sido sargento primero. Durante una operación de auxilio a comunidades afectadas por un huracán, sufrió un accidente que le provocó una lesión permanente en una pierna.
Después de varias cirugías y meses de rehabilitación, tuvo que retirarse