llevó su tradicional pastel de limón.
Mi madre llegó con un platillo preparado por ella misma.
Mi padre trajo flores.
Hubo momentos incómodos, silencios y conversaciones que todavía nos costaba mantener.
Pero ocurrió algo pequeño que nunca olvidaré.
Sergio estaba ayudando a llevar una fuente pesada hasta la mesa.
Mi madre se acercó.
—Déjame cargarla, Sergio.
Él sonrió.
—Muchas gracias, Patricia.
Fue un gesto sencillo.
Pero recordé aquella cena de catorce años atrás, cuando ella lo llamó una carga.
Ahora, por primera vez, parecía comprender que ayudar a alguien no