cariño por su hija. Perdóname”.
Lloré durante mucho tiempo.
No porque aquellas palabras devolvieran los catorce años perdidos.
Sino porque, finalmente, mi madre había entendido qué era lo que realmente nos había separado.
Volvimos a vernos en una cafetería.
Ella se disculpó con Sergio mirándolo directamente a los ojos.
Él aceptó sus palabras.
Pero dejamos claro que recuperar la confianza llevaría tiempo.
Nadie volvería a utilizar el dinero, la culpa o el parentesco para imponernos decisiones.
En diciembre los invitamos a cenar en Navidad.
Doña Elena también estuvo presente y