EL DÍA QUE MI NUERA ME EXIGIÓ DIVIDIR TODOS LOS GASTOS, ACEPTÉ… PERO NO IMAGINABA LO QUE DESCUBRIRÍA EN EL BANCO

—¿Cuánto me vas a cobrar esta vez?

Tomé su mano sobre la mesa.

—A ti, nada.

—¿Y eso por qué?

—Porque tú nunca me pediste que dividiéramos nuestra vida en dos.

Robert entrelazó sus dedos con los míos.

Y entonces comprendí cuál había sido mi verdadera segunda oportunidad.

No había regresado para castigar a mi hijo.

Ni para vengarme de mi nuera.

Había regresado para salvar al hombre que amaba y recuperar el derecho a vivir mi propia vida.

Durante años creí que una buena madre debía darlo todo por