Cuando descubrí que mi marido mayor seguía amando a otra mujer, borré mi identidad y entré en el programa más secreto del país

no mejoró tu capacidad de observación.

Sonrió.

Después se quedó serio.

—¿Por qué?

Me senté.

—Porque no te odio.

—Pensé que…

—Y porque una parte de mí siempre se preocupará si estás vivo.

Daniel bajó la mirada.

—Eso es más de lo que merezco.

—No conviertas todo en castigo.

Me miró.

—¿Qué?

—Eso también es ego.

Se sorprendió.

—Pensar que debes sufrir eternamente sigue poniendo tu dolor en el centro.

Guardó silencio.

—Haz algo útil con lo que aprendiste.

—Lo intento.

—Lo sé.

—¿Cómo?

—Vivian me contó que dejaste de