utilizara aquel diagnóstico para hacerme sentir menos mujer.
Había renunciado incluso a imaginarme sosteniendo a un hijo.
Y quizá todo había comenzado con un documento manipulado.
Adrian me esperaba junto a la ventana.
Al verme, abrió los brazos.
Me refugié contra su pecho.
—Nos robaron tres años —susurré.
Él me abrazó con fuerza.
—Entonces no vamos a regalarles ni un día más.
Aquella tarde apareció Margaret.
Era una mujer de unos sesenta años que había trabajado durante décadas para la familia Blake.
Había cuidado de Adrian cuando era niño y