documentos que habían demostrado la manipulación.
No quería destruirlo.
Quería conservarlo como prueba de lo que había sucedido y de lo peligroso que puede ser convertir una conclusión médica incierta en una sentencia sobre la vida de alguien.
Adrian apareció en la puerta.
—¿Qué haces despierta?
—Estaba recordando algunas cosas.
Se acercó y me rodeó la cintura.
—¿Cosas tristes?
Lo pensé unos segundos.
—Cosas que antes me hacían daño.
—¿Y ahora?
Miré las fotografías de Lily y Noah colgadas en la pared.
Después contemplé a mi esposo.
El hombre con