quien me había casado creyendo que jamás existiría el amor entre nosotros.
El mismo que había aprendido a sonreír, a llorar y a dejar de vivir bajo el miedo de su pasado.
—Ahora tengo algo mucho más importante que recordar.
Adrian me besó suavemente.
Desde la habitación infantil llegó el llanto de Noah.
Un segundo después, Lily decidió unirse a su hermano.
Nos miramos.
Y nos echamos a reír.
—Voy yo —dijo Adrian.
—Te acompaño.
Caminamos juntos hacia la habitación de nuestros hijos.
Y mientras lo observaba levantar a Noah