la protegí primero.
Lo miré.
Había tantas cosas equivocadas en aquella explicación que ni siquiera sabía por dónde empezar.
—¿Y mi cara no importaba?
Adrian tragó saliva.
—No he dicho eso.
—Entonces, ¿qué has dicho?
—Evelyn, por favor. Sabes que te quiero.
Cerré los ojos.
No quería seguir escuchándolo.
Hubo un tiempo en que aquellas tres palabras bastaban para tranquilizarme.
Ahora solo me recordaban lo fácil que le resultaba pronunciarlas.
Adrian permaneció varios minutos en silencio.
Después pareció recordar algo.
—Tu cumpleaños es dentro de unos días. Quiero compensarte. Dime