Adrian soltó una risa amarga.
—Porque yo tampoco lo sabía.
—Pero ¿cómo puede haber ocultado algo semejante?
Él apretó el teléfono.
—No nos debía ninguna explicación. Fui yo quien decidió que no valía la pena presentártela.
Su madre tardó en contestar.
—Podríamos invitarla a cenar. Siempre me pareció una chica encantadora.
Adrian recordó todas las ocasiones en las que su madre había rechazado conocerla.
Recordó las frases sobre mujeres sin apellido.
Los comentarios sobre conveniencia social.
La insistencia en que Claire era una esposa adecuada.
—No la llames —dijo.
—Adrian…