abrió el estuche una vez más.
—Dame una oportunidad para demostrarte que puedo ser diferente.
Evelyn miró el anillo.
Después miró al hombre que tenía enfrente.
Durante años había imaginado aquel momento: Adrian suplicándole que no se marchara, prometiéndole que cambiaría.
En sus fantasías, aquellas palabras arreglaban todo.
La realidad era muy distinta.
Ya no sentía satisfacción al verlo sufrir.
Solo un cansancio inmenso.
—Puedes cambiar, Adrian. Espero sinceramente que lo hagas. Pero no necesitas que yo esté a tu lado para conseguirlo.
Él dio un paso hacia ella.
—¿Ya