llamé a Karla, mi mejor amiga desde la universidad.
Cuando le conté lo ocurrido, dejó de hablar durante varios segundos.
—Mariana, ¿estás diciéndome que tu hermana te fracturó la muñeca a propósito?
—Sí.
—Voy para allá. Y quiero que me enseñes todos los documentos del hospital.
Karla llegó veinte minutos después.
Al verme con el brazo inmovilizado, tuvo que cubrirse la boca para contener las lágrimas.
—No podemos permitir que gane.
—El examen es mañana. No puedo escribir.
Mi amiga miró mi mano izquierda.
—Entonces vamos a encontrar otra manera.