La mañana de mi examen, mi hermana me sujetó del brazo en el garaje y me rompió la muñeca. Mientras yo gritaba de dolor, mi padre solo dijo:

me esperaba afuera con un café y una carpeta que contenía mis documentos médicos.

Antes de llevarme al concurso, habíamos acordado que presentaría ante la Fiscalía las copias del video y mi declaración. Yo ya había iniciado el trámite de denuncia y autorizado que incorporaran esas pruebas.

No quería que el miedo me hiciera cambiar de opinión.

Al llegar al edificio donde se realizarían las evaluaciones, me dirigí directamente al módulo administrativo.

La coordinadora, una abogada llamada Sofía Reyes, revisó mis documentos.

—Mariana, recibimos tu solicitud anoche. Podemos autorizarte tiempo