La mañana de mi examen, mi hermana me sujetó del brazo en el garaje y me rompió la muñeca. Mientras yo gritaba de dolor, mi padre solo dijo:

que algo se quebraba dentro de mí.

No era tristeza.

Era la confirmación de que todavía me veían como una solución para sus problemas.

—¿Vinieron a preguntarme cómo estoy? —dije—. ¿O solamente quieren mi dinero?

Mi madre comenzó a llorar.

—Hemos cometido muchos errores, hija.

—Mamá, ustedes me dejaron tirada con una fractura y después intentaron esconder lo que pasó.

Arturo respiró profundamente.

—Nunca imaginé que Lorena llegaría tan lejos. Yo solamente le dije que te diera un susto para que dejaras de presumir ese concurso.

Me quedé inmóvil.

Continua