cuando consiga otro empleo, nos ayudará a pagar tus deudas.
Pero Lorena todavía no estaba satisfecha.
—Más le vale que no abra la boca. Porque si intenta denunciarme, voy a asegurarme de que nunca pueda ejercer como abogada.
Entonces comprendí que romperme la muñeca solamente había sido el principio.
Y que mis propios padres estaban dispuestos a ayudarla.
PARTE 2
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scuchar aquella conversación, recordé todas las veces que mis padres habían elegido proteger a Lorena, aunque eso significara hacerme daño.
Cuando tenía diecisiete años, desaparecieron