regresamos, mi madre estaba preparando la comida.
—Lorena se siente muy mal por lo que pasó —comentó—. No deberías guardar rencor.
—Mamá, lo hizo deliberadamente.
Patricia dejó el cucharón sobre la mesa.
—Ya basta. No vas a destruir a esta familia por un examen.
Esa noche, mientras contemplaba mis apuntes y mi mano inmovilizada, escuché a mis padres conversar con Lorena en la cocina.
Mi hermana preguntó:
—¿Entonces Mariana ya no podrá conseguir ese trabajo?
Mi padre respondió algo que jamás olvidaré:
—Descuida, hija. Ahora tendrá que quedarse aquí. Y