hombre mayor se acercó desde la primera fila.
Era Benjamin Walsh, un joyero conocido por trabajar con colecciones privadas.
—Recuerdo esa pieza —dijo—. La señora Moore me encargó restaurar el cierre hace más de veinte años. Tiene un número de identificación grabado en el interior.
Charlotte bajó los ojos.
—Puede haber muchos collares parecidos.
—Entonces no tendrás inconveniente en comprobarlo —respondí.
Benjamin examinó el cierre con permiso del personal de seguridad, ante la mirada de todos.
—Coincide con el registro de nuestro taller.
La novia se llevó las manos al