La miré.
—¿Tampoco sabías que el collar era de mi madre?
—Adrian me dijo que se lo habías regalado.
—¿Y la pulsera Cartier?
Charlotte guardó silencio.
—¿Y las partituras que hiciste desaparecer antes de mi audición?
Sus ojos se abrieron.
—Eso fue un malentendido.
—Las cámaras de la academia te grabaron entrando en mi camerino.
Se llevó una mano a la boca.
Dos meses antes, Charlotte había conseguido que me descalificaran de la fase preliminar de un prestigioso concurso internacional.
Mi partitura original desapareció de mi bolso minutos antes de