mundo te hace creer que no vales nada, recuerda que tu valor nunca estuvo en nuestro apellido, nuestro dinero ni siquiera en tu talento. Estuvo siempre en tu corazón. No vivas para demostrarles a otros que se equivocaron. Vive para descubrir todo lo que puedes llegar a ser. Y cuando encuentres la felicidad, no sientas que tienes que pedir permiso para conservarla».
Abracé aquella carta contra el pecho.
Por primera vez desde su muerte, no tuve la sensación de haberla perdido por completo.
A la mañana siguiente caminé junto al