El día que mi suegra me dejó sin dinero para el inhalador de mi hijo, mi marido me dijo: “Firma lo que te piden y no habrá problemas”. Fingí creerle y llamé a mi hermana. Dos días después, en plena fiesta familiar, llevaba un collar de esmeraldas carísimo mientras esperaba que alguien descubriera lo que mi suegra escondía detrás de una pared.

Hablaba con tranquilidad, aunque sus ojos mostraban el cansancio de quien llevaba demasiadas horas estudiando un problema serio.

Abrió su portátil y giró la pantalla hacia mí.

—Vera, necesito que escuches esto sin interrumpirme. Después me preguntas todo lo que quieras.

En la pantalla aparecieron tres nombres: Construinversión, Monolito Vector y Proyecto Vanguardia.

Yo figuraba como administradora única de las tres.

—Durante los últimos dos años, estas sociedades han recibido aproximadamente veintiocho millones de euros relacionados con contratos de construcción —explicó—. Una parte importante corresponde a operaciones que no hemos