podido vincular con servicios reales.
Me quedé mirando las cifras.
—Eso es imposible.
—Ojalá lo fuera. La constructora de Alicia obtiene contratos, subcontrata determinadas partidas a estas sociedades y después aparecen nuevas facturas por asesoramientos, suministros o alquileres que nadie puede acreditar.
Diana señaló una columna.
—Y el dinero termina en empresas vinculadas a personas del entorno de Alicia.
—Pero yo no controlo ninguna cuenta.
—Eso tendremos que demostrarlo —respondió Eugenio—. Porque sobre el papel sí que pareces controlarlas.
Me enseñó entonces algo que me revolvió el estómago.
Una autorización