bancaria presentada meses atrás llevaba mi firma.
Debajo aparecía una copia de mi documento de identidad.
—Yo nunca he estado en esa sucursal —dije.
—Eso podría ayudarnos, si podemos probarlo. Pero hay decenas de documentos que sí reconoces haber firmado.
No supe qué contestar.
Había sido tan ingenua que incluso me avergonzaba explicarlo.
Cuando Marcos me pedía una firma, yo pensaba en mi hijo, en nuestra casa y en la familia que estábamos construyendo. Jamás se me ocurrió que estuviera dejando pruebas contra mí misma.
—¿Qué puede pasarme? —pregunté finalmente.