El día que mi suegra me dejó sin dinero para el inhalador de mi hijo, mi marido me dijo: “Firma lo que te piden y no habrá problemas”. Fingí creerle y llamé a mi hermana. Dos días después, en plena fiesta familiar, llevaba un collar de esmeraldas carísimo mientras esperaba que alguien descubriera lo que mi suegra escondía detrás de una pared.

Le contarás lo que sabemos y avisará a Alicia.

—Entonces quiero saber qué clase de hombre tengo delante.

Eugenio intervino.

—Antes de hacer nada, debemos presentar la documentación que tenemos y dejar constancia de tus sospechas. No vamos a exponerte sin ninguna protección.

Pasamos el resto de la mañana organizando copias y una relación de fechas. Al salir, Diana me abrazó por primera vez desde que había llegado a Madrid.

—Si decides enfrentarte a él, no estarás sola.

Esa tarde esperé a Marcos en el garaje subterráneo de nuestra casa.