Cuando bajó de su Porsche, le enseñé una de las facturas.
—Explícame cómo pude certificar la entrega de una maquinaria que jamás estuvo en aquella obra.
Se quedó inmóvil.
Luego miró el papel, me miró a mí y dijo algo que terminó de romper nuestro matrimonio.
—Así que Diana ha empezado a meter las narices donde no debe.
No preguntó qué documento era.
No preguntó de dónde había salido.
Ya sabía perfectamente de qué estaba hablando.
PARTE IV. EL HOMBRE QUE ESTABA DISPUESTO A SACRIFICARME
—Marcos, mírame y dime que