El día que mi suegra me dejó sin dinero para el inhalador de mi hijo, mi marido me dijo: “Firma lo que te piden y no habrá problemas”. Fingí creerle y llamé a mi hermana. Dos días después, en plena fiesta familiar, llevaba un collar de esmeraldas carísimo mientras esperaba que alguien descubriera lo que mi suegra escondía detrás de una pared.

Cuando bajó de su Porsche, le enseñé una de las facturas.

—Explícame cómo pude certificar la entrega de una maquinaria que jamás estuvo en aquella obra.

Se quedó inmóvil.

Luego miró el papel, me miró a mí y dijo algo que terminó de romper nuestro matrimonio.

—Así que Diana ha empezado a meter las narices donde no debe.

No preguntó qué documento era.

No preguntó de dónde había salido.

Ya sabía perfectamente de qué estaba hablando.

PARTE IV. EL HOMBRE QUE ESTABA DISPUESTO A SACRIFICARME

—Marcos, mírame y dime que