se trataba de una decisión desesperada ante una auditoría inesperada.
Llevaban tiempo preparándose para utilizarme.
Marcos recuperó la carpeta amarilla de su maletín y la abrió.
—Vamos a terminar con esto. Firma los documentos pendientes y deja que nuestros abogados hagan su trabajo.
Pensé en gritarle.
Pensé en darle una bofetada.
Pero entonces recordé algo que Eugenio nos había dicho aquella mañana: si sospechaban que estaba reuniendo pruebas, podían destruir los documentos, alterar los accesos y acelerar cualquier denuncia contra mí.
También recordé que ya habíamos presentado una comunicación inicial