con obediencia.
Esa misma noche recibí un mensaje de mi hermana Diana.
He aterrizado en Madrid. Cenamos a las ocho. Y no me pongas excusas.
Llevábamos tres años casi sin vernos. Diana dirigía una consultora especializada en gestión de crisis empresariales y nunca había soportado a Marcos.
En nuestra boda discutió con Alicia porque mi suegra pretendía retirar de la ceremonia a unos amigos de nuestra infancia que consideraba poco adecuados.
Desde entonces, cada visita familiar terminaba en tensión.
Nos encontramos en un restaurante del barrio de Salamanca.
Diana me