en escaramuzas contra piratas ingleses y sus discursos pomposos sobre honor y deber militar. Beatriz comenzó a notarlo
verdaderamente cuando el cuarto hijo, un varón robusto que Itzel había llamado Yaretzi mediante sus señas silenciosas, cumplió 3 años. El niño se había escapado de la vigilancia de Petra y había corrido hasta el salón principal donde Ignacio recibía a otros oficiales para una cena formal discutiendo tácticas militares y política virreinal.
El pequeño Yaretzi se detuvo frente al teniente y lo miró con una familiaridad infantil que hizo que todos