a Ignacio sentado en su cama, temblando ligeramente, entendiendo por primera vez en su vida lo que significa sentir verdadero terror. Durante los siguientes meses nada cambió en la superficie. Ignacio continuó con sus deberes militares, patrullando los caminos reales contra bandidos, supervisando el puerto, asistiendo a reuniones con otros oficiales.
Beatriz seguía presidiendo las cenas sociales con su gracia característica, sonriendo en todos los momentos apropiados, siendo el modelo perfecto de esposa aristocrática. Eitzel permanecía en las cocinas con sus hijos, invisible para el mundo exterior, pero cada vez