podía controlar sus impulsos. Ella
tomaba nota de la fecha, la hora, la duración. Observaba a los niños con atención científica, memorizando sus rasgos, sus edades exactas, las similitudes innegables con los retratos familiares de los Valverde que colgaban en las paredes. Consultaba discretamente con abogados de Ciudad de México, enviando cartas a través de mensajeros de confianza, haciendo preguntas hipotéticas sobre herencias, legitimidad, escándalos familiares y cómo se manejaban legalmente.
Estudiaba las leyes de la Nueva España con la dedicación de un estudiante de derecho, leyendo códigos y precedentes