en la cocina vacía durante la noche, en el establo donde nadie podía escuchar sus intentos silenciosos de resistencia, en el mismo cuarto trasero donde ahora dormían sus hijos.
Dibujó sus embarazos solitarios, trabajando hasta el último momento porque las esclavas no tenían derecho al descanso, sin importar su condición. Dibujó los partos sin ayuda médica adecuada, mordiéndose las manos hasta sangrar para no hacer ruido que pudiera despertar a la casa, aterrorizada de que si alguien descubría que estaba dando a luz podría perder al bebé, podría ser castigada,