podría ser vendida.
Dibujó el miedo constante que la consumía día tras día, miedo de que Ignacio decidiera vender a sus hijos para ocultar la evidencia de su pecado, miedo de que los separaran como ocurría tan frecuentemente con las familias esclavas, miedo de que algún día él se cansara de ella y la matara para eliminar el problema que representaba.
Beatriz observó cada dibujo con una atención casi reverencial, sintiendo como la furia crecía en su interior como un fuego que consume todo a su paso. Cuando Itzel finalmente