de velas hasta que Itzel la obligaba a dormir, preocupada de que arruinara su vista. Sus hermanos la seguían, cada uno desarrollando talentos únicos. Yaretzi, el mayor de los varones, tenía una facilidad extraordinaria para los números y la lógica.
Podía resolver problemas matemáticos complejos mentalmente, visualizando los cálculos de maneras que asombraban a sus tutores. Citlalli, la tercera hija, mostraba aptitud musical notable. Cuando Beatriz le trajo secretamente un pequeño arpa, aprendió a tocarla por instinto, creando melodías que hacían llorar a todos los que las escuchaban.
Los otros