cuatro niños, Natzul, Tlalli, Xochitl y el bebé Cipactli, eran aún jóvenes, pero ya mostraban la misma inteligencia aguda, la misma hambre por aprender que caracterizaba a sus hermanos mayores. Ignacio no notaba nada de esto porque rara vez visitaba esa parte de la casa durante el día.
Sus encuentros con Itzel se habían vuelto esporádicos y furtivos, no porque hubiera desarrollado súbitamente conciencia moral o remordimiento genuino por sus acciones, sino porque tenía miedo de Beatriz. Había algo en la calma glacial de su esposa, en la forma en