que lo miraba con esos ojos negros que parecían ver hasta el fondo podrido de su alma, que lo aterraba más que cualquier arranque de furia jamás podría.
Vivía en un estado constante de ansiedad, esperando que ella actuara, esperando la humillación pública que sabía que merecía. Pero los meses pasaban y nada ocurría. La normalidad superficial continuaba, lo que de alguna manera era peor que cualquier confrontación abierta. Pasó un año completo, luego dos, luego cinco.
Los niños crecían, educándose en secreto, desarrollando habilidades y conocimientos que ningún esclavo