supuestamente debería poseer. Mientras tanto, Beatriz tejía su red con la paciencia de una araña, construyendo una telaraña elaborada. Hizo alianzas cuidadosamente calculadas con personas clave en la sociedad veracruzana y más allá.
El notario del puerto, Don Rodrigo Menéndez, que había tenido desavenencias financieras con Ignacio años atrás y aún guardaba rencor. Beatriz lo cultivó con invitaciones a cenas, consultas sobre asuntos legales, eventuales confesiones cuidadosamente orquestadas sobre sus problemas matrimoniales. Menéndez, inteligente y oportunista, entendió rápidamente que Beatriz estaba construyendo un caso legal y se mostró más que