ocasionales a otras mujeres que visitaba en el puerto. Beatriz descubrió esto casi por accidente cuando revisaba los libros de cuentas domésticos y notó discrepancias entre lo que Ignacio afirmaba que ganaba y lo que realmente gastaban.
Una investigación discreta, ayudada por el notario Menéndez y un contador que Beatriz sobornó generosamente, reveló el alcance completo de la corrupción. Y Beatriz lo documentó todo meticulosamente. Cada transacción sospechosa, cada registro falsificado, cada firma adulterada. Construyó un caso tan sólido que incluso las conexiones familiares de Ignacio no podrían salvarlo una